Publicado por Hilda Fingermann el 13 de octubre de 2011
Estudiar significativamente implica poseer ciertas capacidades básicas: lectura comprensiva, capacidad de concentración, autoconocimiento del estilo cognitivo que en cada estudiante prevalece (si le resulta mejor ver, escuchar, graficar), manejo de técnicas de estudio, habilidad para programar, entre otras. Esta serie de aptitudes si bien requieren ciertas potencialidades naturales, son todas perfectibles a través de la práctica y el deseo de superación.
Quien no posee lectura comprensiva, será incapaz de desentrañar el sentido del texto que pretende aprender, y por lo tanto será tarea vana leerlo una y otra vez, pues sólo se conseguirá “repetirlo como un loro” como vulgarmente se denomina al aprendizaje por repetición, y pronto será olvidado. El que no aprendió a leer entendiendo siempre está a tiempo de lograrlo, aunque obviamente cuanto antes se inicie en esa técnica, antes se alcanzarán los resultados satisfactorios.
Se debe primero leer todo el texto, y luego de comprender de qué se trata, ir haciéndolo párrafo por párrafo, con un diccionario al lado si es necesario, dedicándole el tiempo indispensable para poder reproducir lo que dice con nuestras propias palabras (parafraseo). Una vez que entendimos lo que el autor quería transmitirnos debemos reconocer las ideas principales y subrayarlas, haciendo idéntico procedimiento con los párrafos siguientes.
Con esas ideas principales, elaboraremos un cuadro sinóptico, y luego un resumen o preferiblemente, una síntesis.
Recomendaciones: no nos quedemos con el cuadro sinóptico solamente para el repaso, pues tenderemos a memorizarlo, debemos también añadir el repaso de la síntesis. Tratar de exponer lo aprendido (si el examen es oral, verbalizándolo; si es escrito, plasmándolo en un papel) pues muchas veces nos parece que entendimos pero no podemos expresarlo. Esto significa que aún falta otro, u otros repasos.
Por último tratar de ejemplificar, para aplicar lo teórico a casos concretos
"El mejor profesor será, no el que haga aprender la lección a sus alumnos, sino el que despierte en ellos la curiosidad por lo que queda por saber" Anónimo
Mostrando entradas con la etiqueta Tecnicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tecnicas. Mostrar todas las entradas
viernes, 21 de octubre de 2011
Técnicas de lectura veloz
Publicado por Hilda Fingermann el 14 de octubre de 2011 a las 12:24 am
Las técnicas de lectura veloz son herramientas que permiten al lector adulto, que ya posee internalizada la lectura comprensiva, ahorrar tiempo en la lectura de textos para, por principios de economía, procesar en su mente la mayor cantidad de información en el menor tiempo posible. Por supuesto que la velocidad de la lectura dependerá de la complejidad del texto. No es lo mismo leer un texto de Historia, escrito en lenguaje cotidiano que uno de reflexión filosófica.
Está comprobado que al requerir un esfuerzo extra de concentración, para leer con efecto globalizador y no por palabras, el lector se exige a sí mismo mayor atención sobre su propio proceso de lectura, que debe hacerse en silencio.
La lectura veloz reduce la cantidad de pausas que se producen por cada renglón, y amplía el campo de percepción visual. No implica leer rápido sin entender, sino que a igual dificultad en el texto a leer (y dedicando tiempo a buscar palabras desconocidas y el sentido de lo que se intenta descubrir) el lector veloz podrá hacerlo comprensivamente, hasta tres veces más rápido que el lector tradicional.
Se basa en una lectura visual con focalización amplia a un ritmo suave y armónico, que le posibilita no centrarse en cada palabra sino en el conjunto, haciendo más gratificante la lectura al facilitar el avance, y no el tedioso obstáculo de tropezar con cada palabra, que si bien tiene un significado en sí misma, lo adquiere más en el conjunto de la trama.
El lector veloz hábilmente identifica las ideas principales, y salta visualmente de una idea principal a otra, obviando lo superfluo. Es una muy buena técnica para los estudios superiores, terciarios y universitarios.
Las técnicas de lectura veloz son herramientas que permiten al lector adulto, que ya posee internalizada la lectura comprensiva, ahorrar tiempo en la lectura de textos para, por principios de economía, procesar en su mente la mayor cantidad de información en el menor tiempo posible. Por supuesto que la velocidad de la lectura dependerá de la complejidad del texto. No es lo mismo leer un texto de Historia, escrito en lenguaje cotidiano que uno de reflexión filosófica.
Está comprobado que al requerir un esfuerzo extra de concentración, para leer con efecto globalizador y no por palabras, el lector se exige a sí mismo mayor atención sobre su propio proceso de lectura, que debe hacerse en silencio.
La lectura veloz reduce la cantidad de pausas que se producen por cada renglón, y amplía el campo de percepción visual. No implica leer rápido sin entender, sino que a igual dificultad en el texto a leer (y dedicando tiempo a buscar palabras desconocidas y el sentido de lo que se intenta descubrir) el lector veloz podrá hacerlo comprensivamente, hasta tres veces más rápido que el lector tradicional.
Se basa en una lectura visual con focalización amplia a un ritmo suave y armónico, que le posibilita no centrarse en cada palabra sino en el conjunto, haciendo más gratificante la lectura al facilitar el avance, y no el tedioso obstáculo de tropezar con cada palabra, que si bien tiene un significado en sí misma, lo adquiere más en el conjunto de la trama.
El lector veloz hábilmente identifica las ideas principales, y salta visualmente de una idea principal a otra, obviando lo superfluo. Es una muy buena técnica para los estudios superiores, terciarios y universitarios.
Técnicas para hablar en público
Publicado por Hilda Fingermann el 17 de octubre de 2011 a las 11:56 am
En los distintos niveles de la enseñanza es muy frecuente que los niños o los adolescentes se nieguen a hablar frente a sus compañeros y docentes, alegando nervios o vergüenza. Incluso es frecuente que no quieran participar en actos escolares leyendo discursos, con el argumento de que se ponen nerviosos y tartamudean, lo cual es creíble.
Muchos docentes, creyendo que exponerlos ante situaciones de stress puede afectar al educando, prefieren evitar “hacerlos pasar al frente”, leer discursos, rendir exámenes orales, etcétera. Con esto solo conseguimos reforzar sus temores. Lo mejor es explicar las razones por las cuales estimularemos la exposición oral, ya que de lo contrario, siendo adultos tendrán serios impedimentos para rendir exámenes en la universidad o desarrollar ciertas profesiones como la docencia, o exponer en Congresos, o ejercer cargos de liderazgos empresariales, etcétera.
Lógicamente es un trabajo paulatino. Si un niño siente gran temor a la exposición oral, no lo mandaremos a leer un discurso en un acto escolar como primer paso, sino que le asignaremos un pequeño papel en una exposición de trabajo grupal, por ejemplo.
Lo mejor es empezar a trabajar en ello desde muy chiquitos, haciéndoles leer en voz alta frente a la clase, fragmentos cortos, para ir acrecentando gradualmente la complejidad y el tiempo.
En la preparación de exposiciones orales, a partir del sexto grado aproximadamente, enseñarles a hablar pausado, modulando la voz, que debe ser clara y perceptible, organizando el tema en introducción, desarrollo y conclusión, pudiendo ayudarse con láminas o powerpoint.
Se debe ser muy paciente, alentando cada pequeño avance, para ir acrecentando la confianza y por ende la autoestima. Comprobaremos, que poco a poco, el miedo se irá venciendo, y el orador eficiente comenzará a nacer.
En los distintos niveles de la enseñanza es muy frecuente que los niños o los adolescentes se nieguen a hablar frente a sus compañeros y docentes, alegando nervios o vergüenza. Incluso es frecuente que no quieran participar en actos escolares leyendo discursos, con el argumento de que se ponen nerviosos y tartamudean, lo cual es creíble.
Muchos docentes, creyendo que exponerlos ante situaciones de stress puede afectar al educando, prefieren evitar “hacerlos pasar al frente”, leer discursos, rendir exámenes orales, etcétera. Con esto solo conseguimos reforzar sus temores. Lo mejor es explicar las razones por las cuales estimularemos la exposición oral, ya que de lo contrario, siendo adultos tendrán serios impedimentos para rendir exámenes en la universidad o desarrollar ciertas profesiones como la docencia, o exponer en Congresos, o ejercer cargos de liderazgos empresariales, etcétera.
Lógicamente es un trabajo paulatino. Si un niño siente gran temor a la exposición oral, no lo mandaremos a leer un discurso en un acto escolar como primer paso, sino que le asignaremos un pequeño papel en una exposición de trabajo grupal, por ejemplo.
Lo mejor es empezar a trabajar en ello desde muy chiquitos, haciéndoles leer en voz alta frente a la clase, fragmentos cortos, para ir acrecentando gradualmente la complejidad y el tiempo.
En la preparación de exposiciones orales, a partir del sexto grado aproximadamente, enseñarles a hablar pausado, modulando la voz, que debe ser clara y perceptible, organizando el tema en introducción, desarrollo y conclusión, pudiendo ayudarse con láminas o powerpoint.
Se debe ser muy paciente, alentando cada pequeño avance, para ir acrecentando la confianza y por ende la autoestima. Comprobaremos, que poco a poco, el miedo se irá venciendo, y el orador eficiente comenzará a nacer.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)